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Análisis – Catherine (Xbox 360, PS3)

Aaah la madurez ¿alguno la alcanzado ya? ¿no os han dicho vuestras chicas que ya os vale? ¿y vuestros padres? ¿y la joven vecina guapísima de vuestro bloque cuando os ha pillado completamente ebrios en el portal? Basta de ir por ahí de borrachera, de trabajos cutres de tres al cuarto, hay que asentarse, no te están pidiendo que dejes de ser divertido (en realidad sí) sino que pongas los pies en el suelo porque la vida va a estar ahí otros cincuenta años por lo menos y quizás hay que mirar un poco hacia delante.

Golden Theater y su maestra de ceremonias funky se enorgullece de presentar las aventuras y desventuras muy japonesas de Vince, un treintañero ennoviado al que un día le dicen que se acabó irse por ahí con los amigotes, que es hora de que elija un camino de verdad: el de comenzar una vida al lado de su amada novia u otro en el que ella no esté presente. Una decisión complicada que cada uno de los puzles que encontraremos en la escalada hacia nuestra libertad se encargarán de recordarnos.

Vince es un tío que tiene problemas, de los jodidos, de los de verdad; tiene una preciosidad (problemón) de novia: asiática, con gafas, está buena y le pone en su sitio cuando hace falta, pero el asunto se le complica cuando un día le pilla con la guardia baja y le dice que quizás deberían ir más en serio. El pobre Vince se hace un montón bien grande de caca y como buen ser humano en problemas se da a la bebida. Es entonces cuando el destino da un giro de guión a su vida y conoce a Catherine, una joven preciosa que va vestida por ahí como si estuviera en una película porno de los noventa, una chica que es completamente opuesta a su querida Katherine…una mujer de veintipocos años con la que se despierta al día siguiente en la cama. Pero el colmo viene por parte de unas pesadillas que le dejan exhausto, como si tuviera que escalar una torre todas las noches, y que además coinciden con una oleada de muertos por agotamiento que se da en Japón. Algo que, por supuesto, no es casualidad.

katherine verticalSin embargo, a pesar de todo, confía en nosotros y nos dejará revolotear por su vida durante algo más de una semana. Seremos testigos y ayudantes en sus conversaciones con sus amigos en el bar o el restaurante, sus idas y venidas del baño para consultar mensajes del móvil o el nivel de alcohol que creemos debe tener en sangre cuando se vaya a dormir. Vivir su vida mientras no está en la cama (dormido malpensados) se convertirá en una sencilla aventura conversacional en la que tomaremos parte de algunas de las decisiones que nos llevarán a uno de los ocho finales disponibles si es que no morimos en el intento.

El sistema que utilizará el juego para ese cometido será una balanza que irá moviéndose hacia el lado del bien o del mal según elijamos que hacer, nada demasiado nuevo. Si contestamos un mensaje de móvil, con un sistema curioso que nos permite modificar un poco el texto que enviamos, siendo unos bordes de mierda esto tendrá consecuencias negativas, seremos un poco malos. En cambio siendo educado inclinaremos la balanza hacia el angelito.

Pero no solo vivimos de nuestra novia, nuestros amigos y parroquianos del bar en el que pasamos gran parte del juego nos pedirán consejo y nuestra labor será desvelar algunos misterios y decidir si queremos ayudarles o no en sus problemas. Además hay una recreativa parodiando el propio juego con la que pasar el rato escalando un poco más, una buena manera de practicar movimientos sin demasiada prisa.

Aaah el bar, el Stray Sheep o el verdadero confesionario como lo llamo yo por algunas cosas que te cuentan los clientes. Aquí es donde realmente comenzará nuestra pesadilla, como empieza la de cualquier adolescente en su primera borrachera: con tres cervezas de más. Literalmente, un medidor de alcohol es la manera que tendremos de saber a qué velocidad se desarrollará la pesadilla esa noche, a más alcohol más velocidad y menos capacidad de reacción. La metáfora encaja.

 

Al llegar la noche…

de culo a boca A LA VEZ

De culo a boca por fin junto

… comienza la chicha del juego. Hablar con gente, enviar sms, beber como un loco…todo eso está muy bien pero este juego además de una interesante historia esconde uno de los mejores juegos de puzle de la presente generación. Nuestro objetivo nocturno consistirá en superar los distintos pisos (a su vez divididas en secciones) de la torre día tras día; para ello deberemos escalar fabricando nuestro propio camino, animados por rápidas melodías que conseguirán ponernos en tensión, a base de mover bloques lo más rápido posible y a poder ser sin obstaculizar nuestro siguiente movimiento; poniendo algunas condiciones como que solo podremos escalar bloques de uno en uno o descolgarnos para poder avanzar alrededor de ellos. Sin embargo no todo iba a ser tan sencillo.

Cada noche aparecerá un nuevo bloque trampa que se irá sumando a los anteriores haciendo nuestras escaladas cada vez más complicadas; bloques de hielo, bomba, estáticos imposibles de mover, muelles que nos permiten subir varios niveles de un solo salto si los colocamos bien, un surtido variado y bien combinado que nos alegrará/amargará la subida. Además no estaremos solos, existirán enemigos  que aunque sean bastante sencillos de eliminar si se quedan parados en una determinada posición o nos atacan, pueden aguarnos la fiesta tranquilamente. Pero no todo van a ser pegas para el pobre carnero Vince, el juego nos recompensa si hacemos las cosas bien. Enlazando movimientos nuestros puntos subirán como la espuma con multiplicadores y estos nos otorgarán la posibilidad de cancelar nuestro último movimiento antes de liarnos la manta a la cabeza. Y por si todavía seguimos llorando, de vez en cuando nos toparemos con unos interesantes ítems que irán desde vidas extra a la creación mágica de un bloque delante de nuestras narices, algo que en más de una ocasión salvará nuestra miserable e infiel vida.

Todos estos puzles van contrarreloj. Las partes bajas de la torre se irán cayendo a medida que avanzamos y si decidimos tomarnos nuestro tiempo para pensar probablemente acabaremos en la planta baja de la torre junto a un número indeterminado de cadáveres. En cambio cuando notamos de verdad la prisa es en los jefes finales de cada noche. Cada uno de ellos tiene ataques diferentes, y grandes diseños que podrían haberse sacado de cualquier pesadilla de verdad, y normalmente avanza a bastante más velocidad que los puzles normales, es más, sirven como un elemento narrativo de la historia muy importante y algo así como la moraleja del miedo que tiene el pobre muchacho a lo largo de este viaje tan loco.

catherine_screenshot

En los descansos entre sección y sección estaremos en una sala llena de corderos en la que podremos guardar la partida, compartir estrategias con nuestros compañeros de fatigas, comprar items con el dinero que iremos encontrando o lo que es más importante: entrar en el confesionario que nos llevará a la siguiente sección. Es muy importante el confesionario ya que las respuestas harán que la balanza se incline hacia nuestro yo malvado o nuestro yo bueno, y lo hará a través de una serie de preguntas incómodas para las cuales no estás preparado en absoluto. He aquí una de las cosas más interesantes de Catherine.

 

No eres tú…soy yo. De verdad. En serio.

Decir que Catherine es un juego para todas las edades es un error bastante grave por mucha estética anime y cell shading que tenga. Temas como la infidelidad, el amor, las relaciones o el alcance de la madurez son cosas bien complicadas de enfocar y este juego de Atlus lo hace de una manera bastante correcta guiándote a través de preguntas aparentemente sencillas pero que como la leas una segunda vez es posible que pienses completamente lo contrario a lo que se pasó por tu cabeza en un primer instante. La dualidad Catherine-Katherine intenta explicar lo que quiere y lo que desea Vince, y digo intenta porque durante gran parte de la aventura no tendremos claro hacía que lado queremos ir y tendremos un enorme lío en la cabeza exactamente igual que él. Objetivo cumplido, me has metido dentro del personaje.

Un poco de aventura gráfica, un mucho de puzles bien hechos y unos cuantos extras como el modo para dos jugadores offline (cooperativo y competitivo) o el reto de la Torre de Babel, alargarán un poco más la vida útil del juego más allá de un modo historia que supera las 10 horas fácilmente. Catherine es uno de esos juegos que tienes que jugar aunque solo sea para recibir un headshot con la primera pregunta que te harán en tu primera pesadilla.

Nota9

 

 

 

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